Una amistad de verdad, que no termina demasiado bien

— Buenos días A tod@s, soy Ángel Garrido, y hoy os voy a presentar a Marina, una chica de 34 años que nos va a hablar de alguna de sus amistades. ¿Buenos días el Marina como estás?

— Muy bien gracias, por suerte bien para estos tiempos que corren.

— Como he comentado nos vienes a hablar de tus amistades, ¿no es así?

— Si, es así. Os vengo a hablar de una de las que hoy en día sigue siendo una de mis mejores amigas.

— ¿Nos puedes contar un poco más de ella?

— Por supuesto, conocí a Patricia en tercero de la eso. La verdad es que no había hablado mucho con ella, sólo hola y adiós y poco más.

— ¿Tenías muchas amigas en tercero de la e.s.o?

— No muchas, ni siquiera Patricia era mi amiga. Era la amiga de una compañera de clase que se llamaba Cristina, y cuando venía a hablar con ella en los descansos siempre me saludaba. Lo que se dice amigas, pues no tenía, pero me llevaba bien con toda clase. Ya en cuarto fue cuando si considero que puedo llamar amiga a alguien.

— ¿Recuerdas a alguien de tercero con especial cariño?

— Si, claro. Había un par de chicas con las que me llevaba muy bien. Se llamaban Silvia y Rebeca, y luego había otra chica que el trato no era malo que se llamaba Eva y que, a día de hoy, aunque no demasiado, pero de vez en cuando seguimos teniendo trato.

— Decías en una pregunta de atrás que ya en cuarto es cuando podías considerar amigos a la gente, ¿guardas especiales recuerdos de ese año?

— Por supuesto, es un año que recuerdo con especial cariño. Mi año de diversificación fue especial, éramos muy poquitos en clase y además nos llevábamos muy bien. Ha sido el año que más integrada me he sentido en clase. Cuando había que hacer juerga ahí estaba Marina la primera, porque si no la juerga no tenía sentido.

— ¿Recuerdas a algún compañero y/o profesor/a con especial cariño de ese año?

— Claro, me acuerdo mucho de Patri, que siempre me jaleaba en las juergas, y además fue el principio de nuestra amistad. También me acuerdo de Víctor y de Johny, siempre con sus bromas, e intentando provocarme. Y yo como era más pava que otra cosa, en vez de seguirles la corriente, me ponía roja como un tomate y me quedaba callada. También me acuerdo de Jonathan, desde por la mañana siempre estaba con él, él y su novia iban a buscarme a la ruta para llevarme al ascensor y subir conmigo y ya quedarse conmigo en clase. Gracias a este chico ese año yo aprendí muchísimo en plástica, ya que me pusieron a utilizar regla, escuadra, cartabón y compas, y aunque era nivel elemental yo no tenía ni idea ya que nunca me lo habían exigido. Por último, también me acuerdo de Mercedes, mi compañera de integración. Ella siempre iba a su bola, y por más que nos metiéramos con ella e intentáramos meterla en nuestras juergas no había manera, y siempre se enfadaba con nosotros.

De profes de ese año, recuerdo con mucho cariño a Guada, del ámbito socio lingüístico, a Julio, nuestro tutor y profe del ámbito científico tecnológico y a Luis profe de automoción y electricidad, y no recuerdo si también de tecnología, que tuvo que luchar conmigo lo que no estaba escrito.

— Parece que os lo pasabais bien en diversificación. ¿Qué hiciste cuando lo terminaste?

— Pues, antes de terminar diversificación, vino mi tutor de la once, e intentaron que dejase los estudios y me pusiera a vender cupones, pero yo le dije que no, que para eso me llevaba esforzando todo el año y que la venta de cupones iba a estar ahí siempre si alguna vez lo necesitaba. Así que seguí estudiando hasta el final, con todas sus consecuencias. Al final conseguí titular y cuando tocó ver qué podía hacer empezó la dificultad, ya que todos los módulos de grado medio necesitaban que tuviese toda la movilidad de las dos manos bien, así que forzosamente me tuve que meter en auxiliar administrativo que aunque no me gustaba demasiado, sólo necesitaba adaptación en mecanografía y el resto lo podría cursar como los demás. La verdad es que en cuanto al profesorado no me lo pusieron muy fácil, pero bueno, al final conseguí sacarlo que es lo importante.

— ¿Por qué no te lo pusieron nada fácil los profesores?

— Lo primero, porque la que iba a ser mi tutora un día cuando me la encontré por la calle y la dije que el año siguiente me tenía de alumna, me dijo que no me apuntara ya que no me lo iba a sacar. Y lo segundo porque tuve una profe que yo sé que es muy buena, de hecho, me acuerdo mucho de ella, ya que mi tutora y ella fueron como la noche y el día. Fue muy dura conmigo desde el primer día, me dijo que yo ese curso no lo iba a aprobar a la primera, y así fue, el ciclo lo hice en dos años, y lo hice con la que me dejé para el segundo año y las dos suyas, porque me suspendió. Esa profesora a mí me ha hecho llorar muchas veces, pero sé que lo hacía por mí bien, ya que por ejemplo mi tutora nunca se preocupó de que yo aprendiese algo, simplemente me aprobó, pero ella siempre trató de explicarme que la vida no es fácil y que hay que luchar por ser alguien y aprender a hacer las cosas lo mejor que uno pueda con sus dificultades. Por eso hoy desde aquí te doy las gracias, María Ángeles, ojalá llegues a leer esto alguna vez.

— ¿Y en cuanto al tema de relaciones sociales, como fue en el ciclo? ¿Tuviste mucho problema, fue diferente a otros cursos?

— Si, la verdad que fue muy diferente. Yo empecé el curso un mes más tarde que todos los demás. Porque al haber acabado la e.s.o se me acababa de integración y me quedaba sin enfermera y sin nada. Y claro yo seguía necesitando mis sondajes, pero es que también nos dejaron sin ruta, para poder ir al centro escolar, ya que ese año se cubrían todas las plazas con los chicos de la e.s.o, y todos nos quedábamos sin transporte menos dos personas. Y el director del Instituto a buen criterio decidió que o todos o ninguno. Al final al cabo de un mes conseguímos volver con todos los medios de la integración, pero como siempre tarde y mal. Por todo esto que acabó de contar, yo pensé que todo iba a ser igual que siempre, es decir que me iba a quedar sola, ya que los grupos estarían hechos. Pero no fue así afortunadamente. Yo me sentaba en primera fila, y justo detrás se sentaban Eva, Silvia y Lorena. Esta última también estaba en silla de ruedas y en los recreos se iba con las otras dos, y a mí me daba una envidia que no podía con ella, sana por su puesto. Por aquella época yo estaba empezando a usar la sonda fija y no todas las semanas tenía el problema de no poder salir al recreo, además había días que me sondaban un poco antes del recreo para poder salir.

— ¿Qué hiciste para resolver este conflicto?

— En realidad yo no hice nada, un día hablando con las chicas salió en la conversación que yo había días que sí que podía salir con ellas y Eva me dijo que por qué no me iba con ellos en el recreo. En ese momento fui la más feliz del mundo, por fin tenía amigas, y amigas de verdad.

— ¿Cómo se manejaban con tu silla de ruedas?

— Ellas aprendieron a llevar la silla de ruedas como mi familia más cercana. Incluso algunas de ellas algunos fines de semana se venían a mi barrio y me sacaban a dar una vuelta. Las que más lo hacían eran Silvia y Patri y Lorena también venía mucho, pero cuando ella venía nos quedábamos en mi casa. La verdad es que lo pasábamos muy bien.

— ¿Cuánto tardaste en hacer el ciclo?

— En total tarde tres años, dos en el instituto de teoría y uno de tres meses de prácticas en una empresa.

— ¿Qué tal el segundo año?

— El segundo año empecé a usar la silla eléctrica, con lo cual comencé a tener más autonomía. Eso hacía que pudiese ir a muchos sitios con las chicas.

— ¿Tenías alguna amiga más el primer curso?

— El primer año también se unieron al grupo Silvia E. y  Patricia M., aunque con ellas salía menos y a día de hoy no sé nada de ellas. Con la otra Silvia y la otra Patricia fue con las que más piña hice.

— ¿Tienes algo que agradecerles especialmente?

— No tengo vida para agradecerles tantas cosas que han hecho por mí, pero de lo que más agradecida estoy es de que me hayan enseñado a desenvolverme en transporte público. Gracias a ellas, hoy soy lo que soy. Y a Lorena, pues creo que nunca fui capaz de decírselo a la cara, pero tenía una fortaleza inmensa. No la paraba nada. Un brazo suyo eran dos dedos míos, y a pesar de eso no estaba quieta ni un segundo. Cuando aún no tenía la silla eléctrica y por lo tanto no podía salir, muchas tardes se venía a mi casa a hacerme compañía ella sola desde su casa.

— ¿Como ha ido transcurriendo tu relación con tus amigas desde que os conocisteis hasta ahora?

— Hace unos siete años estuve en una residencia, y quizás ahí nos empezamos a distanciar, Silvia se hecho novio formal hace ya no sé cuántos años y claro eso hacía que la viese menos. Solo cada quince días, pero al menos nos veíamos. A Lorena la veía de vez en cuando. Por aquel entonces yo empecé a salir con un chico un par de años. Cuando terminé con él, yo caí en una depresión muy gorda por varios motivos y ahí fue donde me empecé a separar cada vez más de mis amigas. Un día me llamaron y me dijeron que Lorena había muerto y me tocó darle la noticia a todo el mundo.

— ¿En ese momento que relación tenías con tus amigas?

— Cada vez estaba más separada de las chicas, hasta el punto de que cuando querían saber de mí, llamaban a mi madre. Estuve hace dos años ingresada en Toledo y hasta fueron a verme, cosa que me sorprendió.

— ¿Ese gesto hizo que mejorasen un poco las cosas entre vosotras?

— Para nada, muchas veces que he estado ingresada en Madrid ni se han dignado a ir. De hecho a día de hoy hace meses que no las veo y con el coronavirus ni se han preocupado si sigo viva, sólo alguna vez Patricia, el resto nada y llevo sin salir de mi casa prácticamente nada desde el mes de marzo, no por el riesgo del virus, sino porque con la mascarilla se me empañan las gafas y no veo nada. Y si no soy yo la que me preocupo de cómo está la gente, nadie es capaz de hacerme una triste llamada.

— Bueno Marina, aquí terminamos la entrevista. Espero que te hayas sentido agusto.

— Muchas gracias don Ángel, contigo siempre es un placer charlar un rato. Nos vemos en la próxima

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