Mi primera silla de ruedas eléctrica

Sé que este relato ya lo he subido antes, pero en el taller que comencé en la biblioteca este año nos propusieron coger un relato que tuviéramos escrito y trabajar sobre él intentando acortarlo sobre un número de palabras que nos daban. Y este ha sido el resultado.

Llego demasiado pronto, y quizás para mí corazón no sería la primera. Desde el nacimiento viví en el barrio de Arganzuela, dónde nada fue demasiado fácil para mí, escaleras por todas partes, cuestas…

Las barreras empezaban en mi propia vivienda, en la que aunque tuviese una silla en condiciones ni siquiera podía salir porque empezando por el ascensor la silla entraba muy justa porque era pequeño, tuvimos que comprar la más pequeña que había, por lo que tenía muy poca potencia y en la calle era difícil la movilidad.

En 2005 nos mudamos a Carabanchel, y ahí fue cuando por fin la silla que tenía dio sus frutos, o intentó darlos, porque todo fueron problemas, estaba más en el taller que en mí culo.

A pesar de todas las veces que me dejó tirada por la lluvia, y la tenía que poner en marcha a golpes en el mando para seguir andando, o cuando se mojaban las escobillas y me dejaba parada, hicimos grandes cosas juntas.

Gracias a ella, aunque tuve una infancia difícil, empecé a salir sola con las amigas que había hecho en el instituto y que hasta ahora habían sido las encargadas de empujar mi silla cada vez que queríamos salir.

Ellas mismas fueron las encargadas de enseñarme casi todo lo que se de movilidad, medios de comunicación etc.

Esta silla no duró mucho, porque pronto acabo estropeandose del todo, y por fin llegó la que si fué mi primera silla de ruedas eléctrica.

La primera en condiciones. Con ella por fin llegó el poder hacer prácticas en empresas, pero ahora ya en condiciones y sin miedo a quedarme tirada.

También llegó el ocio, ir a conciertos, boleras o incluso un trabajo fijo. Todo esto gracias a mi gran y fiel compañera de cuatro ruedas, que aunque muchos piensen qué es una mala aliada, yo pienso todo lo contrario.

Es lo mejor que tengo, mis piernas, la que me llevas donde mi cabeza puede imaginar.

Muchas veces por la falta de accesibilidad en los sitios, es más complicado llegar donde uno quiere, pero siempre se encuentra a gente o el camino que te echa una mano para llegar al destino.

Día de las bibliotecas 2021

Empieza otro curso. Un año más de baja, esperando a ver que hacen conmigo, si sigo trabajando o me dan una incapacidad. Pero este año es diferente, salimos de una pandemia, en la que hemos y estamos sufriendo mucho. Me ha dado tiempo a pensar, mucho, demasiado diría yo, a leer, cosas que nunca habría imaginado, pero sobre todo me ha dado tiempo de aprender algo que siempre me había gustado y es a escribir, un cuento, un relato corto, o a veces largo, porque se me va la mano. Para perfeccionar un poco más mis técnicas y aprender algunas nuevas este año decidí pasarme por mi biblioteca más cercana #bibliotecaluisrosales donde pregunté por los cursos que ofertaban de escritura, fué algo sencillo. Pero no solo eso si no que también me colocaron un puesto un puesto un poco más alto para acceder con mi silla de ruedas eléctrica y poder hacer los talleres fácilmente. Desde las instituciones integrar a una persona con discapacidad no cuesta absolutamente nada, solo un poco de ganas e interés. Así que a ver si es posible que poco a poco todo el mundo vaya cogiendo el ejemplo de esta biblioteca de carabanchel.

#DISCAPACIDAD #INCLUSION #DIADELASBIBLIOTECAS2021 #ACCESIBILIDADUNIVERSAL

Marina San Millán en el aula de estudio de la #bibliotecaluisrosales
Club de lectura