Para la «familia» que no es de sangre

Algunas veces encuentras gente a la que llamas «familia»,
sin tener tu misma sangre.
Pero hay gente que está ahí siempre, pase lo que pase y sin pedir absolutamente nada a cambio.
De esas personas hay pocas en el mundo, son las que te conocen con una mirada, con un guiño o las que te buscan cuando desapareces sin dar señales.
Con el tiempo he aprendido algo, y es que no solo ellas tienen que estar pendientes de ti, sino que uno mismo tiene que estar pendiente de ellas.
El tiempo también me enseñó algo y es que las personas tienen virtudes, pero también tienen defectos.
Tienen cosas buenas pero también cosas malas, y no por eso hay que hacer cruz y raya a la primera de cambio a la gente, sino ser un poco más transigente.

Para todos ell@s feliz 14 de febrero. Día del amor y la amistad