Padre no es el que engendra, si no el que cuida.

Como muchas veces digo, padre no es el que engendra si no el que cuida.

Y eso es lo que me ha pasado a mí, cuando nací por circunstancias de la vida mi padre biológico no se hizo cargo de mí, así que mi madre hizo de madre y padre a la vez. La verdad es que no lo tuvo nada fácil, porque tampoco tuvo ayuda de la familia, por qué parecía ser qué con rezar se solucionaba todo. Pero os digo algo, no lo hizo nada mal.

Pero hoy no vengo a hablaros de ella, porque no es su día si no de alguien que apareció en mi vida hace ventiseis años, el empezó a venir un día en semana a ayudar a mi madre a subir las escaleras de un sitio al que íbamos a tratamiento de acupuntura, contactamos con el gracias a la asociación de espina bífida.

Yo tenía por aquel entonces diez años, y sin conocimiento ninguno cogía y le decía a mi madre que si no le gustaba para novio. Sin saber que en un futuro no muy lejano esas palabras inocentes tendrían repercusión.

Y es que la relación entre nosotros tres cada vez se fue estrechando más, sobre todo entre mi madre y el.

Ese verano J.A se fue de voluntario con nosotros al campamento de la Asociación, creo recordar que a Pontevedra, y en una de las bajadas al pueblo yendo con uno de los chavales tuvo la mala pata qué un coche se lo llevó por delante.

Ahí fue cuándo empezó todo porque mi madre fue a verle allí al hospital y saltó la llama del amor.

Cuando le trasladaron a Madrid y por fin le dieron el alta se fue un tiempo a casa de sus padres, pero luego ya empezó a formar parte de mi familia por qué se mudó a mi casa y poco tiempo después mi madre y el se casaron.

Nunca me he planteado llevar sus apellidos, ni llamarle papá, pero lo que sí sé es que desde el minuto menos uno él siempre ha estado ahí dispuesto a echarnos una mano a mí y a mi madre sin mirar para otro lado y sin importar en ningún momento mi discapacidad.

Él siempre ha tenido claro que la vida a nuestro lado iba a ser más difícil qué al lado de cualquier otra persona, pero en ningún momento le ha importado, al contrario ha tirado para alante como uno más de la familia, sin importar que yo no fuera sangre de su sangre, tratándome como una hija y si hacía falta cualquier cosa a cualquier hora del día él siempre está dispuesto a echar una mano, incluso aunque su salud no acompañe.

Gracias a él he podido vivir experiencias únicas, que quizás estando mi madre y yo solas hubiese costado un poco más.

Hemos pasado momentos muy bonitos en familia, pero también momentos muy duros que hasta ahora hemos ido superando afortunadamente. Algunas veces me planteo que en algún sitio tenemos un ángel de la guarda que no nos deja caer, porque de verdad no entiendo cómo podemos tener tanta mala suerte pero al final siempre salimos airosos.

Hoy es tu cumpleaños, y por circunstancias de la vida no lo podemos celebrar como te mereces, pero todo llegará.

Lo importante es que estamos los tres juntos, el resto ya se hará cuando se pueda.

Gracias por estos veintiséis años de amor incondicional, por haber estado ahí cuando más te he necesitado, en las buenas, en las malas y en las regulares demostrándome que eres para mí el padre que nunca he tenido.

Sé que no te lo digo muy a menudo, pero quiero que sepas que te quiero mucho y qué voy a estar aquí para lo que necesites igual que lo estas tú siempre.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!